Habrá quien piense que emprender una huelga de hambre por evitar la muerte de unos perros que nada han hecho para merecerla (muerte motivada por criterios empresariales) es una acción absurda e inútil. Unos simples animales, entienden, no justifican que alguien deje de alimentarse (de hecho la mayoría lo hace con ellos) y ponga su salud en peligro. Pero en un país como España, que va de “europeo” y con una ética del comportamiento hacia las especies no humanas tan raquítica, es necesario recurrir precisamente a algo así porque el resto parece no funcionar.
Beatriz Menchén, en Getafe, no ayuna por capricho, sino que toma tan difícil decisión después de luchar infructuosamente por otros cauces “políticamente correctos”, mientras nuestros mandatarios, en permanente estado de huelga de hambre de justicia, seguramente consideraban sus reivindicaciones la pataleta de “una loca más a la que le da por los perros” y miraban hacia otro lado confiando en que sus protestas no irían más allá. Se equivocaron.
Y he aquí que ahora, cuando el apoyo social a Beatriz va creciendo, se despierta milagrosamente la sensibilidad contra la crueldad con los animales en estos dirigentes. Ellos probablemente lo harán por no perder votos, pero a esta mujer le mueven la generosidad y la compasión por las eternas víctimas de nuestra sociedad, las que sin voz propia apenas disponen de unas pocas ajenas prestadas. Esa es justamente la diferencia entre compromiso e hipocresía.
Gracias Beatriz por tu valentía.
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